Después de nosotros

¿Existe una relación feliz sin «nosotros»?

¿Se puede mantener la unión de la pareja con una mentalidad individualista?

¿Qué nos queda si quitamos «lo nuestro» de un matrimonio?

Son preguntas que plantea el guión de la película francesa «Después de nosotros». La verdad es que es el título muy acertado y que te deja con una respuesta clara: si no hay «nosotros» queda el «tú» y tu mundo y el «yo» y el mío. Dos vidas separadas, cada uno por su lado.

La historia se centra casi exclusivamente en un matrimonio con dos hijas pequeñas de 7 años. Desde el principio observamos un deterioro de la relación, donde ya no queda espacio para los intentos de reparación ni los gestos de cariño. La pareja está en bucle: la preocupación por sus vidas individuales. Los mismos temas de gestión de dinero, tiempo e interés por la familia se resuelven desde el punto de vista de cada uno: mi dinero, mi tiempo, mis hijas, mi trabajo… El pronombre «nosotros» ya no existe… o quizás nunca ha existido. Y esto es algo fundamental en un buen equipo, en la relación de un matrimonio. De hecho los especialistas en terapia de pareja John y Julie Gottman consideran el «factor nosotros» como uno de los factores más importantes que evalúan en sus consultas. ¿Hay mentalidad de lo nuestro? ¿Qué lenguaje utilizan ambos? ¿Se refieren a su relación como a un equipo o siguen con «lo mío» y «lo tuyo»?

Viendo esta película no pudimos dejar recordar otra película de hace años, Historia de lo nuestro, que toca el mismo tema. Los intentos de convivir con dos mundos e intereses separados hacen imposible construir una relación, una familia. Lo que precisamente hace diferente a un matrimonio de un grupo de compañeros de piso, colegas o amigos es esta mentalidad de unión, de que a partir de ahora contamos como un equipo y añadimos valor a lo que construimos juntos.

Nos resultó triste ver la historia de un matrimonio que no ha sido capaz de superar sus «ego dramas», de dejar de lado sus intereses individuales, para formar algo que les enriquecería y les haría mejor como personas y como familia. Es como si quisieras jugar a dos bandas: participar en el equipo pero a la vez hacer tu propio juego. Es imposible ganar un partido si a la vez estás buscando tu propia ventaja, tu juego en particular.

A menudo no nos damos cuenta de que tener un equipo que funciona es una gran ventaja en la vida, y que deberíamos aprovechar lo que «lo nuestro» puede aportar. Y no solo a nuestras vidas, sino también a nuestros hijos, familiares y amigos.

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